Bosques y agua, vínculo indisoluble; pero también, la calidad del aire depende de éstos    

 

  • Imprescindible conservar y proteger los bosques del Estado de México que abastecen de agua al Sistema Lerma – Cutzamala
     

  • No cuidar bosques, arbolado urbano y áreas verdes de la ciudad, también ha sido causa para que índices de contaminación atmosférica se disparen

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  21 de marzo de 2016.

 

Hoy -como sucede desde hace 45 años y por iniciativa de la Asamblea General de las Naciones Unidas-, conmemoramos en todo el planeta el Día Internacional de los Bosques. Como nunca antes en la historia, la situación de los bosques es en todo el mundo de un grave deterioro y de un descuido inédito; esto, a pesar del enorme valor que tienen para la vida, para la conservación de la diversidad biológica y, desde luego, para la estabilidad del clima global.

Cada año se están deforestando en todo el mundo más de 13 millones de hectáreas de bosques y se incendian 50 millones más de hectáreas de tierras forestales, aportando con esto hasta un 20 por ciento de los gases de efecto invernadero y reduciendo con ello la capacidad del planeta para regular adecuadamente el clima. El 80 por ciento de las especies vegetales y animales terrestres habitan en los bosques, y no sólo dependen de ellos los más de 1, 600 millones de seres humanos que trabajan directamente en éstos, sino todos quienes gracias a sus productos tenemos hoy garantizado el acceso a la alimentación y al agua.

Y es justamente sobre este tema -el agua- en el que la Organización de las Naciones Unidas está llamando nuestra atención este año 2016; se trata de hacer conciencia sobre el papel vital que desempeñan los bosques para abastecer al planeta de agua dulce y, particularmente, para brindar a las comunidades humanas seguridad para un desarrollo adecuado y un mayor bienestar.

 

 

Pensemos en los bosques de lugares como la Ciudad de México, donde la gran mayoría de sus habitantes desconocen no sólo los servicios ambientales que brindan a la zona urbana, sino también su tamaño y su diversidad biológica. Muchas personas se muestran incrédulas cuando les decimos que más de la mitad del territorio de la Ciudad de México son bosques, zonas agrícolas y poblados rurales, o cuando se enteran que alrededor del 70 por ciento del agua que consumimos viene de la lluvia que es capturada por los bosques del poniente, sur-poniente y sur de la cuenca. 

Y a nadie parece preocuparle que, a nivel nacional, se estén perdiendo más de 250 mil hectáreas de bosques cada año por el crecimiento de la superficie agrícola y pecuaria, los incendios forestales y la urbanización, o que en la Ciudad de México sean arrasadas más de 250 hectáreas de suelo de conservación cada año. Tal parece que no nos detenemos a pensar en que gracias a los bosques que rodean a la ciudad (ciertamente, hoy muy deteriorados ya), es que contamos con siete de cada diez litros de agua que consumimos.

Pero tampoco estamos preocupándonos por conservar y proteger los bosques que allá, en el vecino Estado de México, abastecen de agua a los ríos y presas que conforman al Sistema Lerma – Cutzamala. El deterioro de nuestra cuenca hídrica ha sido históricamente, y es hoy inconmensurable, y los costos los veremos ya en el corto plazo.

Y, hablando de costos ambientales por el deterioro de los bosques que rodean a la capital del país, en días recientes acabamos de recibir una notable factura en materia de calidad del aire. No sólo el incremento en más de 700 mil automóviles diarios al tránsito vehicular, sino también el no atender adecuadamente el cuidado de nuestros bosques, del arbolado urbano y de las áreas verdes de la ciudad, ha sido el caldo de cultivo para que los índices de contaminación atmosférica en esta cuenca se hayan disparado como lo hicieron la semana pasada.

Desafortunadamente, el Fallo de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia -del 1° de julio de 2015- que modificó el programa “Hoy No Circula” y, en los hechos, incrementó las emisiones contaminantes a la atmósfera, en mi opinión sólo se limitó a considerar el interés de los particulares y no así el de la comunidad en su conjunto.  

Este Día Internacional de los Bosques debe convocarnos a reconocer que, cuando hablamos de medio ambiente, no podemos hacerlo de manera parcial o fraccionada, sino -por el contrario- debemos pensar en las conexiones, en la interdependencia y en la transversalidad de las políticas ambientales (lo que incluye, desde luego, el acceso y la impartición de justicia). 

 

 

Cuando abogamos por la conservación y la protección de nuestros recursos naturales y del medio ambiente, lo estamos haciendo para garantizar la subsistencia de todos los componentes que no sólo nos permiten a nosotros tener una vida con calidad y bienestar; sino para que, también, así sea para las generaciones que nos continuarán en el tiempo.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón