Hay oposición a Rueda de la Fortuna en el Bosque de Chapultepec, pero no al comercio informal    

 

  • En 2011, el Consejo Rector del Bosque de Chapultepec desaprobó el proyecto y así lo hizo la Secretaría de Medio Ambiente "por no convenir al Plan de Manejo del Bosque"
     

  • No se plantea como un plan integral de recuperación integral, cultural y de conservación de los espacios públicos; sin embargo, el comercio informal continúa impactando hoy al medio ambiente de este bosque urbano

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  7 de marzo de 2016.

 

La construcción de una Rueda de la Fortuna en el Bosque de Chapultepec –como un mirador panorámico al estilo de los que existen en París, Viena o Londres- no es un proyecto nuevo. Ya en el 2011, en la administración de Marcelo Ebrard, las secretarías de Cultura y la de Medio Ambiente capitalinas habían planteado públicamente su intención de construir una rueda de la fortuna gigante como parte de un proyecto integral que buscaría “conciliar la sustentabilidad, el cuidado y la preservación de todo el entorno del Bosque de Chapultepec”.


Se trataba, según explicaba el entonces secretario de Turismo, Alejandro Rojas, de “sumar valor agregado al bosque a través de la incorporación de espacios culturales y nuevos atractivos” (Excélsior, 13/05/2011). Aquel 12 de mayo de 2011, durante la inauguración de una sucursal de la Librería Porrúa frente al Lago Mayor, en la primera sección del Bosque, la entonces secretaria de Medio Ambiente, Martha Delgado, explicaba que los espacios que en adelante fueran concesionados a empresas particulares deberían tener un perfil cultural y de conservación de esta importante zona patrimonial.

 


 

El proyecto de la Rueda de la Fortuna no prosperó, pero existe el antecedente de que éste formaba parte de un proyecto integral de inversiones mixtas y cuyo objetivo principal era fortalecer la conservación, la cultura y, desde luego, el uso ordenado del principal bosque urbano de la Ciudad de México.

Una experiencia similar se vivió con la “Estrella de Puebla”, la rueda de observación más grande de Latinoamérica –certificada con el Récord Guiness-, que tiene una altura de 80 metros y cuenta con 54 góndolas mirador. Desde un principio, la “Estrella de Puebla” se concibió como parte integral de un complejo cultural que incluye un parque público lineal, un Jardín del Arte, el Eco-parque Metropolitano, el Paseo del Río Atoyac y un Museo Internacional Barroco. No exento de polémica, el proyecto fue cambiado de ubicación en dos ocasiones y finalmente inaugurado el 22 de julio del 2013; al día de hoy, la “Estrella de Puebla” se coloca como el quinto mayor atractivo turístico de la capital poblana, sólo por debajo de la Catedral de Puebla; de la Capilla de la Virgen del Rosario, en el Templo de Santo Domingo; del Señor de las Maravillas, en el Templo de Santa Mónica; y del zoológico Africam Safari.

 



Aún existe inconformidad por la poca transparencia que tuvo en el manejo de los recursos –públicos en su mayoría- para la realización del proyecto, y hay que decir que esta información quedó reservada por un período de siete años por el gobierno de Rafael Moreno Valle.

Hace pocas semanas, el Gobierno de la Ciudad de México anunció la construcción de la Rueda de la Fortuna en la primera sección del Bosque de Chapultepec, lo que ha traído consigo la inconformidad por parte de algunos grupos. En esta ocasión, la autoridad no vincula la construcción de la Rueda de la Fortuna con algún proyecto cultural, de recuperación integral o de conservación de los espacios públicos del Bosque de Chapultepec –además de anunciarla con declaraciones desapegadas a la verdad-, logrando con ello que algunos grupos ciudadanos la perciban como una acción aislada, como un negocio particular y hasta como un capricho del gobernante en turno.

Creo que, a fin de despolitizar el tema de la construcción de lo que se plantea como un nuevo atractivo turístico para la ciudad, el gobierno capitalino debiera –en éste y en otros proyectos- brindar oportuna y ampliamente la información íntegra del mismo: estudios de impacto ambiental, de impacto urbano y de movilidad; programa de manejo, origen y uso de los recursos financieros; armonización del proyecto con los usos actuales del bosque (recreativos, culturales, educativos, de conservación de flora y fauna), autorizaciones de uso de suelo, etcétera.

 


Pero, sobre todo, independientemente de que se construya, o no, la Rueda de la Fortuna, la ciudadanía demanda transparencia no sólo en lo relativo a la inversión inicial (superior a los 200 millones de pesos), sino también sobre la cuantía de las ganancias y del destino que tendrán éstas para la recuperación, mejora y conservación de uno de los espacios públicos más importantes de nuestra historia local y nacional: el Bosque de Chapultepec.

¿Mi posición? En términos ambientales, tengo la seguridad de que impacta más la desordenada actividad del comercio informal al bosque, de lo que pudiera hacerlo la construcción y operación de la multicitada rueda de la fortuna.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón