Deterioro ambiental exacerba a vectores de transmisión de nuevas enfermedades  

 

  • Desde hace una década, Al Gore y su "Verdad Incómoda" señalaban al cambio climático como la causa de 30 nuevas enfermedades en el mundo

  • Destruir ecosistemas en aras del desarrollo económico es un error y atenta contra la salud pública y el bienestar de la población

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  8 de febrero de 2016.

 

En el 2016 se están cumpliendo ya diez años de la publicación de un documental -y también del libro- llamado “Una Verdad Incómoda (An Inconvenient Truth), autoría del ex vicepresidente norteamericano Al Gore y que, tal vez, fue el primer esfuerzo para dar a conocer de manera amplia información sobre las causas y, sobre todo, de los impactos del calentamiento global y del cambio climático en el equilibrio ambiental y ecológico del planeta.

En mi opinión, Al Gore -a través de mensajes fácilmente comprensibles para enormes sectores de la población- fue quien detonó la discusión de la existencia del cambio climático, y de los riesgos y de las consecuencias ambientales por la alta concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra.

 

 

Mucho de lo señalado en su momento por Al Gore es hoy ya un hecho irrefutable: las concentraciones de dióxido de carbono en el planeta han alcanzado recientemente las 400 partes por millón, cuando en ningún punto de los 650 mil años anteriores a la era preindustrial se habían encontrado concentraciones superiores a las 300 partes por millón.  Los casquetes polares y los glaciares en todo el planeta se están derritiendo aceleradamente y el nivel de los océanos efectivamente se está elevando; la temperatura global ha aumentado en promedio 1° centígrado y el comienzo y el fin de las estaciones del año están alterados, lo que está dañando sensiblemente a los ciclos de la vida de la flora y la fauna en todo el orbe. La fuerza y la incidencia de huracanes y de otros fenómenos meteorológicos se ha incrementado, y eventos como la sequía, la desertificación y los incendios forestales se han incrementado notablemente y lo siguen haciendo año con año.

Tal vez, los efectos menos difundidos (pero también pronosticados hace más de una década) sean los relativos al impacto del calentamiento global en el comportamiento de los océanos y de las corrientes marinas; pero, sobre todo, creo que ha habido poca atención sobre la agudización de vectores que favorecen la aparición de enfermedades con un gran potencial para afectar -como ya lo están haciendo- a extensas regiones y a numerosos grupos humanos en todo el mundo (sobre todo en los países más pobres).

Ya en su documental, Al Gore daba cuenta de cómo en tan solo cinco años (de 1999 al 2003, y como consecuencia del calentamiento global) en mosquito transmisor del Virus del Nilo Occidental -que penetró en los Estados Unidos por la costa occidental de Maryland- se extendió prácticamente a todo el continente.

 

 

Gore aseguraba hace diez años que, por efecto del cambio climático, 30 de las llamadas “nuevas enfermedades” aparecieron en los años 70 y que muchas de las enfermedades antiguas, que habían estado bajo control, comenzaron a reaparecer. Y así lo constatamos permanentemente al oír hablar de nuevas cepas de tuberculosis, de polio, de viruela y de otras patologías que creíamos ya erradicadas.

Y no es solamente la elevación de la temperatura global la única condición que permite la reproducción de los vectores transmisores de nuevas enfermedades (como lo es el mosquito Aedes Aegypti); es, sobre todo, la destrucción de los ecosistemas, de las selvas, de los manglares y de los bosques que contienen y aíslan de manera natural a virus y bacterias nocivas para la vida humana, lo que está desencadenando también la actual emergencia sanitaria en el planeta. Hace unos meses atrás, en África Occidental, devastada por la minería, un nuevo y alarmante brote del virus del Ébola mató a alrededor de 12 mil personas; y ahora, en el continente americano, el aumento de casos de Dengue y la aparición del Chikungunya y del Zika están encendiendo todas las alarmas.

 

 

Una vez más lo reiteramos: las medidas de adaptación y de mitigación del cambio climático deben ser transversales; es decir, que se incorporen en todas las políticas públicas y que sean obligadas para todos los sectores del gobierno y de la sociedad.  Creo que las autoridades de Salud no pueden esperar más (menos aún después de diez años desde que se lanzó la voz de alerta) para preparar a la población sobre los eventuales riesgos que ya están latentes por efecto del cambio climático.

Pero, sobre todo, es urgente que los gobiernos, los medios de comunicación y la sociedad en su conjunto, construyamos estrategias integrales y rutas de acción puntuales para evitar que en aras del desarrollo económico se sigan destruyendo importantes ecosistemas que, entre otros servicios, nos regalan salud y bienestar.

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón