El 70% de los huevos de tortuga anidados en esta temporada,
saqueados por el mercado negro
*
Profepa
y PGR detectan mercado ilegal en Juchitán, en Puerto
Escondido e incluso en el Mercado de Sonora y en el de San
Juan, aquí en la Ciudad de México
*
Sólo
mediante la educación y la comunicación responsable,
lograremos inducir el aprovechamiento racional e
inteligente de nuestros recursos
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón
Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México
Internacional (a todo el mundo)
/
Ciudad de México / 24 de agosto de 2015.
Debo señalar que, en todo el planeta, sólo existen ocho
especies de tortugas marinas, y siete de ellas son
mexicanas: la tortuga Lora, la Golfina, la Carey, la
Caguama, la Verde, la Prieta y la Laúd. Sólo la tortuga
Kikila –que habita en los mares de Australia- no deposita
sus huevos ni nace en las playas mexicanas.
Las tortugas son fundamentales para mantener el equilibrio
de los ecosistemas marinos y costeros de la Tierra, debido a
su labor de mantenimiento de los arrecifes coralinos
(hábitat de numerosas especies), así como de los pastos
marinos y de las playas arenosas. También, ellas mismas
sirven como alimento para otras especies (como cangrejos,
aves y mamíferos) y son fundamentales para el equilibrio de
las poblaciones de medusas y de esponjas, organismos que son
potencialmente destructores de los arrecifes coralinos.

Desafortunadamente, estos llamados “fósiles vivientes” –que
han habitado el planeta desde hace 100 millones de años- hoy
se encuentran clasificados en la Lista Roja de la Unión
Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)
como fauna en peligro de extinción.
Y si pensamos en que la contundente mayoría de las tortugas
marinas anidan y nacen en México, de inmediato podemos
concluir que en mucho somos nosotros los responsables del ya
peligroso declive de sus poblaciones. La sobreexplotación de
los recursos marinos, la contaminación ambiental, pero
también el consumo humano de carne y huevo de tortuga, son
la principal causa de que estos quelonios estén hoy en grave
peligro de desaparecer.
Justamente en las semanas recientes, ha llamado la atención
de algunos medios de comunicación y, como es lógico, de las
autoridades ambientales del país, la temporada de arribazón
de tortugas a las playas mexicanas, particularmente, en las
costas del pacífico. Se calcula que, tan solo en las playas
de Morro de Ayuta, principal punto de anidamiento de la
tortuga golfina en el litoral oaxaqueño, fueron depositados
cerca de dos millones de huevos; sin embargo, se calcula que
más del 70 por ciento de éstos han sido saqueados por
pobladores de la región que forman parte de una compleja
red.

Las autoridades de la Procuraduría Federal de Protección al
Ambiente (Profepa) y, más recientemente, de la Procuraduría
General de la República, han identificado la ruta de
operaciones de este mercado ilegal en Juchitán, en Puerto
Escondido e incluso en el Mercado de Sonora y en el de San
Juan, aquí en la Ciudad de México. Lamentablemente, en
muchos casos, cuando se pretende castigar a los
responsables, los jueces encuentran vericuetos legales para
exonerar a los responsables (apelando al autoconsumo para la
subsistencia que, por cierto, es un tema que no está
legislado).
Además de la Profepa y de la PGR, la Secretaría de Marina y
la Policía Federal están sumando esfuerzos y recursos para
vigilar las zonas de anidamiento que escapan del control de
los Centros de Protección y Conservación de la Tortuga
Marina y de los más de 170 campamentos que operan en las
playas nacionales.
Creo que lo que está haciendo falta es un verdadero esfuerzo
por educar –desde distintos sectores- a quienes ilegalmente
están comerciando y consumiendo huevos de tortuga. Si bien
unos lo hacen por interés económico, otros lo hacen por
ignorancia y motivados incluso por mitos semejantes a los
que están empujando a la extinción de los rinocerontes
africanos o favoreciendo la matanza de más de 100 millones
de tiburones cada año.
Es una pena que, después de que México ya había logrado
revertir la tendencia negativa de las poblaciones de tortuga
marina, ahora surja nuevamente la amenaza y que, peor aún,
como sociedad lo estemos permitiendo. Creo que sólo mediante
la educación y la comunicación responsable, lograremos
inducir el aprovechamiento racional e inteligente de
nuestros recursos. Con educación, estoy seguro,
desincentivaremos la persistencia de un mercado que no nada
más está mermando al capital natural de México, sino –sobre
todo- a la diversidad biológica de todo el mundo.
