Escuchar audio

No es posible el desarrollo sustentable si se excluye a pueblos indígenas de participar       

 

 

 

*  Son pueblos originarios más de 300 millones de personas asentadas en alrededor de cinco mil comunidades en 70 países del mundo

 

*  Conocimiento de la diversidad biológica depositado en los pueblos indígenas de nuestro territorio, ha sido ignorado y rechazado sistemáticamente.   

 

 

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  10 de agosto de 2015.

 

 

 

En 1994, la ONU proclamó el Año Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo; esto, con la voluntad de fortalecer la cooperación internacional para trabajar en la solución a los problemas con los que se enfrentan las comunidades indígenas, en esferas tales como los derechos humanos, el deterioro del medio ambiente, el desarrollo económico, la educación y la salud.  

Ese mismo año, durante la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en Viena, por primera vez en la historia de las Naciones Unidas (y después de haber sido sistemáticamente excluidos) se pidió la creación de un foro permanente para los pueblos indígenas. La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo (que corrió de 1995 a 2004), lo que permitió finalmente escuchar en propia voz de algunos representantes de estos pueblos sus demandas y peticiones. 

Ayer -9 de agosto- se conmemoró nuevamente el Día Internacional de las Poblaciones Indígenas. Estos pueblos originarios, históricamente víctimas de la segregación y la discriminación, significan hoy más de 300 millones de personas asentadas en alrededor de cinco mil comunidades en 70 países del mundo. México, particularmente, es uno de los diez países con mayor diversidad étnica en todo el orbe. Aquí, oficialmente se reconocen 68 pueblos indígenas  originarios y más de 360 lenguas. De acuerdo con información del INEGI, alrededor del 11 por ciento de la población mexicana es indígena.

También, en el país pueden ubicarse como eminentemente indígenas a 22 mil 565 localidades, en las que residen 4 millones 450 mil personas que, podría, afirmarse “están influenciadas por las pautas culturales que impondrían una mayoría indígena”. (INEGI)

 

Danza de los Tlacololeros, Chilpancingo, Guerrero

 

Desde el punto de vista de la diversidad biológica, este es un hecho de primera relevancia. Sobre todo, cuando reflexionamos en que las poblaciones urbanas –es decir, la mayoría de los mexicanos- desconocemos las variedades de plantas y de animales que existen en el país, y que tienen un enorme potencial alimentario o incluso médico que no sólo no estamos aprovechando sino, lamentablemente, estamos destruyendo. Cultivos como el maíz, el frijol o el plátano, o la producción de carne y lácteos, por ejemplo, no sólo cuentan con una infraestructura productiva, económica y de comercialización bien organizada; también, son objeto de estudio de agencias gubernamentales, de universidades o empresas privadas, que buscan optimizar y maximizar el aprovechamiento de estos bienes en el mercado. 

Pero el amplio conocimiento de los componentes de la diversidad biológica depositado en los pueblos indígenas de nuestro territorio, y que durante siglos ha construido una relación de armonía con su entorno natural, ha sido ignorado y rechazado sistemáticamente.

Este año, el Día Internacional de las Poblaciones Indígenas –que conmemoramos ayer- ha destacado la necesidad de garantizar la salud y el bienestar de los pueblos indígenas del mundo; lo que, necesariamente, está vinculado con la urgencia de frenar los procesos de deterioro de sus entornos naturales, pero sobre todo con la revaloración de sus saberes locales y de garantizar una efectiva participación social en los procesos de toma de decisiones nacionales. Justamente esta mañana, en el acto presidencial para conmemorar la fecha, el presidente de la república reconoció que los mayores grados de pobreza en el país están enraizados entre la población indígena (poblaciones que, por cierto, son los custodios de la mayor diversidad natural en distintas regiones de nuestro territorio).

Si verdaderamente queremos conservar el capital natural del país para las generaciones venideras, es necesario que los mexicanos no sólo revaloremos nuestra condición de país megadiverso. También, tenemos que construir una mejor regulación jurídica y normativa para lograr la sustentabilidad de las actividades forestales, agrícolas, del manejo de la vida silvestre y las pesquerías; reconociendo, sin prejuicios anacrónicos, el papel estratégico que juegan los pueblos originarios en la preservación y el aprovechamiento racional y equitativo de los recursos naturales del país. Sólo así, estaremos en posición de cumplir con la meta del desarrollo sustentable y el de la vida en democracia. ▄

 

Niño danzante en Chalma, Estado de México

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón