Contaminación
auditiva es un criterio no incluido en los estudios de impacto
ambiental
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El
estadio deportivo construido sobre 25 hectáreas de la ANP
"La Pastora", en Monterrey, afecta no sólo a 700 animales
del zoológico; 107 especies de fauna que habitan en ANP
serán impactadas, entre otras cosas, por el ruido
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Vídeo
en las redes sociales del evento inaugural del estadio
regiomontano, denuncia el efecto del ruido de la pirotecnia
sobre los animales del zoológico vecino
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón
Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México
Internacional (a todo el mundo)
/
Ciudad de México / 3 de agosto de 2015.
Esta mañana, revisando las
publicaciones que hacen en Facebook quienes integran
a mi segmento de red social, me encontré con un vídeo que me
estrujó el corazón (como siempre me pasa cuando presencio
conductas de maltrato y crueldad en contra de los animales).
En las imágenes se aprecia a una decena –probablemente una
veintena- de lo que parecen ser antílopes, corriendo en la
noche, despavoridos, en un terreno cercado de un zoológico y
mientras en el cielo estallan incesantemente fuegos
pirotécnicos.
El estruendo que éstos producen es notoriamente ensordecedor. (Ver vídeo:
https://youtu.be/dOU3HKxzIms)

Por los subtítulos del
vídeo me enteré que son más de 700 animales los que viven
ahí, en el que ahora sé es el zoológico del bosque “La
Pastora”, en la ciudad de Monterrey. Y también supe que a menos
de 50 metros de los animales (y sobre una superficie de 25
hectáreas, hasta hace poco terrenos arbolados de la que fue
la más importante área natural protegida de Monterrey), se
construyó el estadio de fútbol de los Rayados como resultado
de una alianza entre el gobierno del estado, empresarios
nacionales y extranjeros y, desde luego, con el aval de la
Semarnat.
Las imágenes del vídeo que
comento (con los animales aterrorizados por el ruido de la
pirotecnia) corresponden a la noche del partido entre los
clubes de fútbol
Benfica
y Monterrey, con el que se inauguró ayer domingo el estadio.
Independientemente de los
criterios que dominaron para edificar una obra de estas
dimensiones en los terrenos del área natural protegida de
“La Pastora”, llama profundamente mi atención el descuido
–por no decir el desinterés o, de plano, la ignorancia- por
la vida y el bienestar de los animales ahí albergados. Si bien la existencia de
un zoológico venía siendo compatible con las actividades
recreativas, agrícolas y de conservación realizadas hasta
hace pocos años en una reserva caracterizada por la
presencia de cuerpos de agua, de encinos y de ahuehuetes;
ahora, al autorizar semejante cambio de uso de suelo para
introducir un estadio de grandes dimensiones y capacidad,
las condiciones espaciales evidentemente se transformaron y
las actividades de conservación de la vida silvestre
resultan –a todas luces- incompatibles.

Suponiendo que la obra
contó, como lo exige la ley, con una manifestación de
impacto ambiental exhaustiva y seria, no dudo que se hayan
previsto medidas de mitigación en materia de manejo integral
de residuos sólidos, para el uso de áreas verdes o para el
aprovechamiento racional y el reciclaje del agua. Pero el no considerar los
impactos de la contaminación auditiva de un inmueble que,
además de partidos de fútbol, será seguramente la sede de
otro tipo de espectáculos (como conciertos musicales) y en
los que generalmente se utiliza también la pirotecnia, me
parece una omisión grave si pensamos en el bienestar de los
cientos de animales avecinados a escasos 50 metros del
estadio.
Ante la contundencia de
las imágenes que comento, no es necesario abundar mucho
sobre los impactos que la contaminación auditiva produce en
todos los seres vivos; hablo desde las plantas y los
animales, hasta en los seres humanos. Sabemos que el ruido puede
producir daños físicos irreversibles. Pero también hay
serias afectaciones en el comportamiento y en la psicología
de las personas y de los animales, así como distorsiones en
la convivencia social y como detonante de conductas
violentas.
Lo he dicho aquí
insistentemente: la contaminación auditiva es un problema
ambiental y social que debe tomarse más en serio, tanto por
parte de las autoridades responsables de regularle y de
sancionarle, como por todos nosotros como potenciales
generadores y afectados. Continuar autorizando la
realización de obras y actividades ruidosas en sitios no
adecuados (como bien podría ser la apertura de locales
comerciales ruidosos en barrios habitacionales) y sin prever
las medidas de mitigación suficientes, sólo abonará a la
confrontación y a la desintegración de la armonía social.
En el caso de los animales del zoológico,
probablemente se les pueda reubicar y así tratar de
aliviarles del ruido que han venido padeciendo durante la
construcción y, anoche, durante la inauguración del estadio;
pero me queda la preocupación de las más de 107 especies de
fauna (una de ellas endémica, el acocil regiomontano) que
aún habitan en las poco más de 100 hectáreas que aún restan
del área natural protegida de “La Pastora”.▄
