Maltrato a los
animales, es un síntoma de la descomposición social por la
que transitamos
*
El
80 por ciento de los torturadores de perros fueron jóvenes
que viven en ciudades: Milagros Caninos, A. C.
*
Maltrato
animal es ya la tercera causa de denuncia ante la
Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento territorial en la
capital del país
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón
Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México
Internacional (a todo el mundo)
/
Ciudad de México / 27 de julio de 2015.
Una efeméride como la del
día de hoy –el Día Internacional del Perro Callejero-,
nacida en la república de Chile en el año 2009 y conmemorada
ya en varios países de América Latina, es siempre un buen
pretexto para abordar un tema que cualquier nación que se
jacte de civilizada está obligada a atender: el bienestar de
los animales.

Hay que decir que en
México y, en particular, en ciudades como el Distrito
Federal, la protección y la atención a los perros en
situación de calle han merecido desde hace muchas décadas la
preocupación y el esfuerzo de numerosas organizaciones y
personas altruistas. Las cifras no sólo son
contundentes, sino también alarmantes; se estima que en las
calles de nuestras ciudades viven siete de cada diez perros.
Pero –sobre todo- llama la atención el grado de
insensibilidad hacia la vida y la deficiente educación que
en materia de cuidado de los animales padecen amplios
sectores de la población del país.
Hablando de la Ciudad de
México, por ejemplo, y dependiendo de la fuente que se
revise, se estiman en un millón 200 mil hasta más de tres
millones los perros callejeros que, debido a su condición de
descuido e inatención, significan un serio riesgo para la
salud pública. Y no se trata sólo de que
estos animales vivan en la calle, padeciendo de hambre, de
enfermedades o de las inclemencias del clima; también son
víctimas de mutilaciones, torturas, violaciones y crueldad
extrema por parte de seres humanos violentos y
psicológicamente dañados.
De acuerdo con la
asociación civil Milagros Caninos, el 80 por ciento de los
torturadores de 200 perros que rescataron fueron jóvenes
citadinos; un dato en verdad desalentador y revelador de los
orígenes de la violencia social que estamos enfrentando.
Este año 2015, la
Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial del
Distrito Federal (PAOT) reporta que, por primera vez en sus
14 años de existencia, las conductas que atentan en contra
del bienestar de los animales son una de las tres
principales causas de denuncia ciudadana (superando a las
quejas por afectaciones de áreas verdes y después de las de
violaciones al uso del suelo y las de contaminación
auditiva).
Y dado el sombrío panorama
que en materia económica y de educación están perfilando las
estadísticas que todos hemos conocido en días recientes, me
parece que el bienestar animal no puede seguir siendo sólo
objeto de la atención de organizaciones civiles y
altruistas. Se requiere de una
política pública decidida y responsable en materia de
bienestar animal –y que no responda sólo a intereses
coyunturales y electorales-, sobre todo cuando sabemos del
estrecho vínculo entre las conductas violentas en contra de
los animales y la incidencia de actos delictivos y
antisociales.
La construcción de leyes,
programas de gobierno y demás instrumental institucional que
esto requerirá, pasa también por la regulación del mercado
que admite la compra y venta de animales, por un diálogo
serio con la academia y con la ciencia y, desde luego, por
el fortalecimiento de la voluntad política para hacer
cumplir principios éticos universales y obligaciones
legales. Creo profundamente en las
palabras de Gandhi en el sentido de que “…
La grandeza de una nación y su progreso moral, puede ser
juzgado por la forma en que son tratados sus animales”.

Así que, la próxima ocasión en que usted –querido
radioescucha- se encuentre con un perro callejero,
cuestiónese y reflexione sobre cuáles son las causas que, en
la raíz, están determinando la situación y el sufrimiento de
ése y de millones más de seres vivos en las ciudades de
nuestro país.
No sólo la falta de bienestar, sino el maltrato y la
crueldad en contra de los animales, son –desde mi
perspectiva- un síntoma del complejo proceso de
descomposición social por el que parecemos estar
transitando.
Lograr conducir este cambio hacia una transformación
equitativa y en la que todos ganemos, demanda de nosotros,
también, profunda sensibilidad, gran comprensión y respeto
irrestricto por la vida de los más vulnerables, humanos y
-desde luego- no humanos. ▄