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Desequilibrios poblacionales en México son factor de deterioro de nuestro capital natural      

 

 

 

*  El 61 % de la población rural del país presenta grados de marginación “alta” y “muy alta”; el 70% de los mexicanos vive en ciudades y metrópolis

 

*  Necesario incorporar criterios ambientales en la construcción de las políticas públicas poblacionales del país   

 

 

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  13 de julio de 2015.

 

 

El crecimiento de la población de cualquiera de los seres vivos que conocemos y la evolución de su entorno, es uno de los factores más determinantes que impactan sobre las condiciones del medio ambiente; y, desde luego, cuando hablamos de poblaciones humanas la magnitud de los cambios ambientales alcanza amplias dimensiones.

Existe un innegable paralelismo entre la prosperidad y el crecimiento de las poblaciones humanas del orbe, y el deterioro ambiental que ha venido experimentando el planeta en los últimos 200 años. El avance de las ciencias y su concomitante desarrollo tecnológico permitió que, entre los años 1800 y el 2005, la esperanza de vida del ser humano aumentara de los 30 a los 67 años de edad. Este logro de la humanidad se ha visto reflejado en el número total de la población mundial que, en el año 1810, era del orden de los mil millones de seres humanos; y, en la actualidad, somos ya más de 7 mil millones de habitantes en todo el planeta.

También –y lo que es más importante-, la longevidad de nuestra especie se expresa en una mayor demanda y consumo de los recursos naturales del planeta, evidentemente por causa de nuestra mayor permanencia en éste. En términos llanos: estamos más tiempo en el escenario del que originalmente fuimos diseñados para vivir.

Por todo esto, los indicadores poblacionales son un elemento indispensable para poder encaminarnos hacia el desarrollo sustentable. La observación y el estudio de la dinámica poblacional en México nos abre la posibilidad de pronosticar escenarios e identificar retos para el diseño e instrumentación de políticas públicas; sobre todo, hay mucho qué hacer en lo que se refiere al equilibrio que es deseable entre las variables económica, de bienestar social y la conservación del capital natural de frente al deterioro ambiental. 

El simple hecho de que más del 70 por ciento de los 121 millones de mexicanos que somos viva en zonas urbanas y metropolitanas, está imprimiendo una presión desmedida sobre la disponibilidad y la calidad de los recursos naturales, así como en la salud y la integridad de los ecosistemas. Es decir, hoy no sólo estamos hablando de la problemática ambiental que es ampliamente percibida en las ciudades –como la contaminación del aire y del agua o la generación de basura-, sino que ya identificamos eventos que, por nuestra dinámica poblacional, suceden en la totalidad del territorio y que están mermando a la base material de la riqueza de la nación (me refiero a la deforestación, a la sobreexplotación y destrucción de los ecosistemas, y a la pérdida de la diversidad biológica, entre otros). 

 

 

Seamos realistas: la dinámica poblacional en México nos está pronosticando ya escenarios poco alentadores en el ámbito medioambiental; esto, básicamente por causa de los enormes desequilibrios espaciales, distributivos, económicos y sociales que hay hoy entre la población urbana y la población rural del país.

Las cifras apuntan a que el 61 por ciento de la población rural del país presenta grados de marginación “alta” y “muy alta”. Y, como es lógico, la falta de inversión y de estímulos para, por ejemplo, la tecnificación de la agricultura, perpetúa prácticas insustentables que dañan al suelo, que propician el desperdicio y la contaminación del agua, o la utilización de recursos no renovables para la generación de energía (como lo es el uso de la leña).  

El sábado -11 de julio- se conmemoró el Día Mundial de la Población; y este año la ONU llama nuestra atención sobre las poblaciones vulnerables y, en particular, de aquellas que por distintas causas tienen que emigrar de sus territorios natales a otras regiones. En México, alrededor de 145 mil personas emigran cada año a otros países por las condiciones económicas y sociales adversas; y bien cabría preguntarse y registrar cuántas más lo están comenzando a hacer como consecuencia de los cada vez más intensos fenómenos climáticos (los llamados “refugiados ambientales”).

 

 

Haciendo eco al llamado de la ONU por el Día Mundial de la Población, creo oportuno invitar a los expertos en estudios poblacionales a incorporar variables, criterios e indicadores ambientales que sean útiles para la eventual construcción de políticas públicas. Recordemos que el desarrollo sustentable sólo es concebible en la medida en la que los fenómenos económico, social y ambiental se acerquen a un equilibrio que sea benéfico para todos los habitantes y los seres vivos –humanos y no humanos- del planeta.

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón