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Restauración y protección de los suelos no es prioridad presupuestal en el país     

 

 

 

*  Sistema de Cuentas Económicas y Ecológicas de México registra sensibles aumentos en la erosión y contaminación de los suelos nacionales

 

*  Cientos de años tarda la formación de un sólo centímetro de suelo apto para sostener la vida; agricultura, deforestación y urbanización principales depredadores del suelo   

 

 

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  6 de julio de 2015.

 

 

Como lo he compartido con nuestro auditorio ya en varias ocasiones, este año 2015 ha sido declarado por la Organización de las Naciones Unidas como el Año Internacional de los Suelos. El objetivo es que todos comprendamos que los seres vivos del planeta requerimos de suelos sanos para tener una vida sana. Y, particularmente, mañana -7 de julio- en algunos países del orbe se conmemora el Día Mundial de la Conservación del Suelo, fecha elegida en memoria del fallecimiento del doctor Hugh Hammond Bennet, un reconocido científico norteamericano que trabajó divulgando los beneficios del cuidado de los suelos para la calidad de vida de los seres humanos.

Ya hace tres semanas –con motivo del Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, y en seguimiento a los esfuerzos de comunicación que la ONU nos pide hacer este Año Internacional de los Suelos- comentaba yo a nuestro auditorio sobre el alarmante estado de erosión que presentan los suelos en el territorio nacional. Destacaba yo que, prácticamente, el 45 por ciento de las tierras nacionales está altamente erosionado debido a la irracional deforestación de nuestros bosques y selvas; por los cambios de uso de suelo para la agricultura intensiva y la urbanización; así como por la exacerbación del fenómeno del cambio climático, entre otras causas.

Y es que, a diferencia de lo que sucede con la contaminación del aire y la del agua, la contaminación y la erosión del suelo no son percibidas por la mayoría de nosotros como problemas ambientales de gravedad. Damos por hecho que el suelo está ahí, y poco entendemos que la saludable formación de un solo centímetro de superficie tarda varios cientos de años en transformarse de roca madre a suelo fértil (y que, como resultado, existirá un equilibrio benéfico entre minerales, materia orgánica, diminutos organismos vegetales y animales, aire y agua).

 

 

También, parecemos no entender que la mejor forma de garantizar la salud del suelo es conservando su superficie vegetal, que es lo que le protegerá de la erosión causada por el agua y las lluvias, por el viento y el sol, y –desde luego- por causa de las distintas actividades humanas. Y en aquellos suelos donde se cultivan alimentos o se practica la ganadería, la única forma de conservarles es garantizando la aportación constante de materia orgánica de calidad así como procurar el equilibrio permanente entre sus componentes.

Desafortunadamente, el Sistema de Cuentas Económicas y Ecológicas de México ha registrado sensibles aumentos en la erosión y en la contaminación de los suelos nacionales durante la última década, y no existen indicadores que señalen la existencia de una política pública contundente en materia de restauración y de protección de los suelos nacionales. Particularmente me preocupa que, de frente al fenómeno del cambio climático, los mexicanos no estamos restaurando nuestros suelos como una medida para revertir y mitigar la erosión que están causando las lluvias torrenciales y los fuertes vientos que se han presentado durante los últimos diez o quince años de forma “atípica”.

Paradójicamente, el tema de la protección y restauración del suelo aparece (junto con el capítulo de protección ecológica), invariablemente, entre las últimas prioridades presupuestales de cualquier orden de gobierno en nuestro país. Y si bien existen destacables esfuerzos de investigación y de divulgación en la materia por parte de la Comisión Nacional Forestal (Conafor), de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) y del mismo Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático; por otra parte, desafortunadamente, la conservación del suelo no está mereciendo hoy la atención que sí tienen temas como –por ejemplo- el incremento neto de la productividad agrícola o el uso intensivo de agroquímicos.

Urge que la conservación de los suelos nacionales sea considerada como un tema prioritario y transversal entre los distintos sectores productivos del país. Sólo en la medida en que sepamos proteger la base material del capital natural y de la riqueza nacional, estaremos en la posibilidad de revertir lastres como la pobreza o el deterioro ambiental y, entonces sí, encaminar a la nación hacia mejores horizontes de desarrollo y de equidad.

 

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón