Encíclica Papal
Laudato Sí sobre medio ambiente despierta reacciones
encontradas en el mundo
*
El mensaje es la
falta de códigos éticos para conducir la acción humana hacia
la sustentabilidad; la Carta de la Tierra, alejada de dogmas
religiosos -y citada por el Papa-, es una herramienta que
vale la pena conocer y adoptar
*
Aspirantes
republicanos a la presidencia de EE.UU. manifiestan su
alejamiento del Papa Francisco por cuestionar intereses
económicos de los poderosos
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón
Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México
Internacional (a todo el mundo)
/
Ciudad de México / 22 de junio de 2015.
Gran
euforia ha provocado la publicación de la Encíclica papal
Laudato Sí; Sobre el Cuidado de la Casa Común, primer
documento que emite la Iglesia Católica en materia de medio
ambiente no sólo para sus cinco mil obispos y más de mil 200
millones de fieles, sino para todos quienes compartimos
“esta casa común que es la Tierra”. Organizaciones
ambientalistas del mundo (como la Iniciativa Internacional
de La Carta de la Tierra y otras más), han expresado
su júbilo por el documento escrito por el Papa Francisco y
donde se hace un amplio diagnóstico y un certero
reconocimiento de las causas económicas, sociales y éticas
de la actual crisis ambiental en el planeta.

Pero, por el otro lado, dirigentes ultraconservadores
norteamericanos (como Jeb Bush o
Rick Santorum, ambos aspirantes republicanos a la
presidencia de aquella nación y quienes consistentemente han
calificado como “fraude” a la existencia del cambio
climático), se han manifestado en contra de la Encíclica y
declaran que el Papa Francisco y la iglesia católica
norteamericana están “desconectados”.
En fin. Más allá del planteamiento de un nuevo fundamento
teórico o dogmático del debate entre creacionismo y
evolucionismo, la Encíclica Laudato Sí es un
documento que retoma ampliamente la argumentación que,
durante décadas, han venido construyendo científicos,
organizaciones ciudadanas, ecologistas y estudiosos del
tema. Lejos de constituirse como una visión maniquea o
milenarista del actual desastre ambiental, la Encíclica es
–desde mi perspectiva- un documento que contiene un
diagnóstico certero, científico y sustentado, de sus
principales causas.
La transversalidad de sus consideraciones resulta –sin duda-
muy incómoda para quienes están interesados en continuar
sosteniendo una economía y una cultura del consumismo voraz,
de la inmediatez y del desperdicio irracional, perpetuando
con ello la sobreexplotación de los recursos naturales y de
la pobreza de miles de millones de seres humanos. Apoyado en
sus principios franciscanos, en su texto el Papa abandona la
visión dogmática centrada en el bienestar exclusivo del ser
humano y otorga un valor semejante a los seres no humanos y
a la diversidad biológica de la Tierra, enfrascados todos
ellos –y la vida misma- en una inadmisible pobreza tanto
material como moral y espiritual.
Creo que, además de buscar un discurso conciliador entre los
avances de la ciencia contemporánea y los postulados de la
religión católica, la Encíclica Laudato Sí busca
evidenciar que si el llamado progreso económico y
tecnológico no tiene aparejados principios éticos y morales,
entonces no existe la garantía de la libertad y de la
realización para los seres humanos y los no humanos del
planeta. Hay un señalamiento de las responsabilidades
políticas por el deterioro ambiental y, como es evidente,
esto ha incomodado a algunos.
Independientemente de las implicaciones y la trascendencia
que pueda tener este documento que la Iglesia Católica ha
dirigido no sólo a sus fieles, sino a toda la humanidad, me
parece que es un acto de justicia para una de las regiones
donde habita el mayor número de católicos y en el que la
pérdida de los recursos naturales está siendo la más
profunda. De acuerdo con el Índice Planeta Vivo (IPV), del
Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), de 1970 al año 2010,
América Latina ha sufrido una caída del 83 por ciento de las
poblaciones de fauna y flora, lo que implica una severa
pérdida de su biodiversidad y efectos negativos –como el
aumento de la pobreza, por ser también una de las regiones
con mayor crecimiento poblacional del planeta.
Adoptar códigos éticos y morales, así como principios de
comportamiento para no lastimar con nuestros actos aún más
al planeta (y, obviamente, a nosotros mismos), es en última
instancia el llamado que hace esta Encíclica papal dirigida
a toda la humanidad.
Documentos como La Carta de la Tierra –citada en su
texto por el Papa Francisco- es un referente ético, alejado
de cualquier dogma religioso y pleno de la espiritualidad
que puede ayudarnos a actuar constructivamente frente a la
impostergable necesidad de tomar la vía de la
sustentabilidad ambiental en el desarrollo económico y
social de nuestras comunidades.
Yo les invito a acercarse y a conocer esta declaración de
principios universales -la Carta de la Tierra-, y, a quienes
profesan la religión católica, la recientemente publicada
Encíclica papal.
