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Al perder suelos sólo ganamos en pobreza e insustentabilidad del desarrollo    

 

 

 

*  El 45 por ciento del territorio nacional -alrededor de 900 mil kilómetros cuadrados- presenta ya altos grados de deterioro; las causas: deforestación, calentamiento global y agricultura intensiva

 

* Conmemora la ONU el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, centrando su atención en la necesidad de lograr la seguridad alimentaria para todos

 

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  15 de junio de 2015.

 

Una de las condiciones ambientales que determina directamente la aparición de condiciones de pobreza y de marginación social, es la existencia de suelos deteriorados por razón de la sobreexplotación agrícola y forestal, la contaminación, la sequía y la desertificación. Es sabido que las personas que viven en tierras secas -90 por ciento de las cuales viven en países en desarrollo-, tienen un notable rezago de desarrollo humano en comparación con el de aquellas comunidades que habitan en territorios fértiles y con acceso al agua.

Es paradójico saber que el 99.8 por ciento de los alimentos que consume el ser humano –y, desde luego, otras especies vivas- proviene del suelo, pero que es justamente la producción masiva de alimentos y la agricultura intensiva lo que está deteriorando a pasos agigantados a este recurso vital: los suelos. Hoy el planeta está perdiendo terrenos fértiles a una tasa de 35 veces más rápido que hace cuatro o cinco décadas, dejando en los hechos inútiles a alrededor de 23 hectáreas de suelos cada minuto (es decir, 12 millones de hectáreas por año). 

En México, la situación es igualmente alarmante porque prácticamente el 45 por ciento del territorio nacional (es decir, alrededor de 900 mil kilómetros cuadrados), presenta ya altos niveles de degradación de sus suelos. Y entre las principales razones de esto están la deforestación, el calentamiento global y –sobre todo- las prácticas agrícolas insustentables.

Ha sido tal el avance del fenómeno de la sequía y, consecuentemente, de la desertificación de los suelos, que la ONU ha calculado (en un informe sobre el Estado de la Inseguridad Alimentaria) que, entre los años 2012 y 2014, unos 805 millones de personas no tuvieron acceso a los nutrientes necesarios.  Entre otras razones, ésta ha sido la causa por la cual le ONU decretó al año 2015 como el Año Internacional de los Suelos, pues se reconoce la urgencia de frenar y de revertir el deterioro de la base misma de todo ecosistema y del desarrollo de la humanidad: los suelos.

 

 

Y pasado mañana –jueves 17 de junio-, el mundo conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, centrando su atención en la necesidad de lograr la seguridad alimentaria para todos y a través de sistemas de cultivo y de producción sostenibles. Con la consigna de que “el que algo quiere, algo le cuesta; invirtamos en suelos sanos”, la ONU está enviando el mensaje a las naciones para que se realicen inversiones económicas en la restauración y la conservación de los suelos, más que en seguir incrementando la explotación y la productividad de los territorios agrícolas y pecuarios. 

Y ojalá que ese mensaje se escuche fuerte y contundente en lugares como la capital mexicana, donde –a pesar de saber que el empobrecimiento social está ligado a los cambios de uso y deterioro de los suelos-, lugares como Xochimilco y Tláhuac continúan perdiendo su vocación agrícola y de humedales (fundamentales para la sustentabilidad de la cuenca), frente a la incontenible urbanización y especulación inmobiliaria.

Y es que a pesar de los constantes llamados de alarma de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT) sobre la pérdida de los acuíferos y de los canales de la zona, el relleno de estos con fines de urbanización está imparable (tal y como lo publicó el sábado pasado el diario La Jornada por el cada vez mayor depósito ilegal de cascajo en los parajes de aquellas demarcaciones). 

La Ciudad de México y todos los mexicanos no sólo estamos perdiendo un importante sitio –Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta- donde se producen hortalizas, plantas y flores, o un ecosistema único que contribuye a la regulación del clima y a la recarga de los acuíferos de los que se abastece en un 70 por ciento la población aquí asentada. Sobre todo, estamos viendo perecer a una de las piezas fundamentales que explican –en mucho- el origen y el presente de nuestra cultura regional y nacional. 

Repito, ojalá que el mensaje de la ONU para este año y en el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía llegue fuerte y, por fin, quienes toman las decisiones prioricen invertir recursos en preservar y recuperar a los ya muy dañados suelos de este país.

 

    

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón