Acidificación
de los océanos y blanqueamiento de corales, amenazan
ya a la vida
en todo el planeta
*
En
la Gran Barrera de Australia -formada por más de 2 mil
kilómetros de arrecifes coralinos-, el blanqueamiento ha
afectado a más de dos terceras partes de este ecosistema;
extensas porciones arrecifales del Mar Caribe y del Golfo de
México presentan ya este fenómeno
* Legisladores y científicos en nuestro país deben acercarse
y crear instrumentos legales y tecnológicos para combatir la
acidificación y sus causas; éste será un tema en la COP 21
de París este año
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón
Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México
Internacional (a todo el mundo)
/
Ciudad de México / 8 de junio de 2015.

Justamente
hoy -8 de junio-, la Organización de las Naciones Unidas
conmemora el Día Mundial de los Océanos
y debo decir que, cada día con más urgencia,
la lucha contra la acidificación de los océanos y la manera
en cómo revertir los impactos de ese fenómeno en el medio
ambiente y en la vida está ocupando la atención de los
científicos en todo el planeta.
La acidificación de los océanos es un fenómeno que está
siendo causado por los seres humanos por la desproporcionada
emisión a la atmósfera de dióxido de carbono (CO2)
y –en general- por los gases residuales que producen el
transporte, la generación de energía y una enorme proporción
de las actividades cotidianas del hombre. Estos
contaminantes son absorbidos por el mar y se observan ya
severos impactos en los ecosistemas y en los delicados
eslabones de la vida marina y, por supuesto, en todos los
ecosistemas del planeta.
El incremento de las temperaturas en la superficie oceánica
y el aumento de carbonatos en la composición del agua, ha
afectado ya a numerosas colonias de arrecifes de coral con
el fenómeno conocido como “blanqueamiento del coral”, y que
no es otra cosa más que la pérdida de su biodiversidad y el
anuncio de su eventual muerte. Desde el año 2002, en la
famosa Gran Barrera de Australia (formada por más de 2 mil
kilómetros de arrecifes coralinos), el fenómeno del
blanqueamiento ha venido registrando la afectación de más de
las dos terceras partes de este vital ecosistema.
Los pronósticos para las próximas décadas hablan de la
muerte de la mayor parte del arrecife australiano y, desde
luego, de la pérdida de incontables seres vivos que dependen
de este ecosistema único. Más recientemente, se ha
registrado ya el blanqueamiento del coral en extensas
porciones arrecifales del Mar Caribe y del Golfo de México. Si
en algo existe consenso entre los que se ocupan de este
tema, es que la acidificación de los océanos ha estado
relacionada siempre con la extinción masiva de especies
vivas; por lo mismo, no es de descartarse un escenario
gradual y certeramente adverso para la especie humana.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza
(UICN) advierte que si los niveles de CO2
en la atmósfera siguen subiendo al ritmo actual, la acidez
del agua del mar aumentará en un 120 por ciento para el año
2060; esto significa un incremento mayor al experimentado en
los últimos 21 millones de años.
Así entonces, la velocidad de los cambios en las
condiciones de la vida en el planeta –en mucho provocados
por el ser humano y su paradigma de desarrollo
insostenible-, nos obliga a encontrar y a aplicar ya
soluciones científicas y tecnológicas que no desequilibren
más la ecuación de la vida.
Lo que hace habitable a nuestro planeta son sus océanos; no
podemos continuar destruyéndoles ni destruyéndonos con
nuestra indiferencia. Hoy más que nunca, la protección del
medio ambiente y la preservación de la diversidad biológica
deben ser prioridad y causa en el debate y en la
construcción de acuerdos internacionales y, por lo mismo, la
acidificación de los océanos será un tema prioritario en la
próxima cumbre climática en París (COP 21).
Simplemente, partamos del hecho de que los
océanos absorben y transforman un 25 por ciento del total de
CO2
que los humanos emitimos a la atmósfera; de que alrededor
del 80% del oxígeno que respiramos proviene del mar, y de
que más de la mitad de los productos y de los alimentos que
hoy sostienen a la población mundial tienen su origen en los
océanos. No sólo en nuestro país –poseedor de extensos
litorales y custodio de su enorme riqueza-, sino en todo el
mundo, existe una débil protección legal de los océanos; por
lo mismo, los mares están siendo irracionalmente
sobreexplotados y contaminados.
Yo quiero invitar a quienes conformarán en breve a las
nuevas cámaras legislativas del país (y de quienes, por
cierto, ninguna propuesta concreta escuché en materia
ambiental durante las campañas políticas) a que se acerquen
a las universidades y a los científicos que en nuestro país
están realizando investigaciones marinas, para –con su apoyo
y sapiencia- concretar y fortalecer herramientas jurídicas
que protejan y den sustentabilidad al aprovechamiento de
nuestros mares nacionales. ▄
