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Comprender vínculos entre producción y consumo, clave para alcanzar la sustentabilidad  

 

 

 

*  Los 9, 600 millones de personas que se estima seremos en el 2050 necesitaremos tres planetas Tierra para sostener el ritmo actual de consumo

 

* Transformación de ecosistemas por cambios de hábitos de consumo, ha traído la aparición de epidemias como la diabetes, la obesidad y el síndrome metabólico

 

 

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  1° de junio de 2015.

 

 

Como viene sucediendo desde hace alrededor de 41 años, este viernes -5 de junio- se conmemora en todo el planeta el Día Mundial del Medio Ambiente, una iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para llamar a la sensibilización y a la acción en favor de una relación más armónica de los seres humanos con nuestro entorno.

Han sido distintos los temas y las frases que, desde 1974, se adoptan como emblemáticas para los festejos del 5 de junio; pero creo que en este año –el 2015- se ha seleccionado un tema que denota con total claridad el carácter transversal de los impactos que tienen nuestras acciones sobre el medio ambiente. “Siete mil millones de sueños. Un solo planeta. Consume con moderación”, reza el lema del Día Mundial del Medio Ambiente 2015.

Y no es novedad para la gran mayoría de nosotros el hecho de que las personas estamos consumiendo más recursos de los que el planeta nos puede brindar de manera sostenible. Debido al crecimiento poblacional y a la demanda de bienes y de servicios ambientales, numerosos ecosistemas en el planeta se encuentran ya en el punto límite de su capacidad y, desafortunadamente, otros más se han deteriorado al grado de prácticamente haber desaparecido. 

Podríamos enumerar algunas especies animales del territorio nacional que hoy se encuentran en peligro de extinción o se han extinguido, como el oso grizzli mexicano (que desapareció en 1964), el techichi (una especie de perro mexicano extinta durante la colonia), el lobo mexicano, la foca monge del Caribe, el cóndor norteño (de Baja California) y el pájaro carpintero imperial, entre otros.  

De continuar manteniendo las pautas de producción y de consumo que tenemos los seres humanos en la actualidad, los 9 mil 600 millones de personas que se estima seremos para el año 2050 necesitaremos tres planetas como la Tierra para sostener el ritmo de explotación que hoy realizamos de los recursos naturales. 

Es evidente, entonces, que debemos encauzar enormes esfuerzos hacia esquemas de producción y de consumo responsables. Y no se trata sólo de imprimir cambios –que, desde luego, son importantes- en el uso de, por ejemplo, las bolsas de plástico, en la separación de nuestros residuos o en el reúso o el reciclaje de distintos materiales o del agua. Es imperativo ya comenzar la transformación radical de muchas de las prácticas cotidianas que no sólo están dañando al medio ambiente sino, de manera más directa, a nuestra salud. 

Destacadamente, el tema de la producción y del consumo de alimentos en el mundo es uno de los más claros ejemplos de las prácticas no sustentables de nuestro tiempo. Más de mil 300 millones de toneladas de comida se desperdician cada año, mientras más de mil millones de personas padecen desnutrición en distintos grados. Por otra parte, la simplificación de los hábitos alimenticios tradicionales al consumo de ciertos productos predominantes en el mercado internacional, ha traído consigo no sólo la pérdida de la diversidad biológica de distintas regiones del planeta; sino, también, la aparición de verdaderas epidemias como la obesidad, el síndrome metabólico o la diabetes. 

 

 

Por ello, la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente no debe remitirnos sólo a problemas muy focalizados y tal vez ya muy presentes –aunque de manera aislada- en el escenario mediático: el cambio climático, la deforestación o la contaminación ambiental. Ahora, debemos buscar comprender las estrechas interrelaciones que existen entre los productos que estamos demandando y consumiendo, sus impactos en el medio ambiente y los efectos del deterioro de los ecosistemas en la salud de los seres vivos humanos y no humanos.

 En el caso de los mexicanos, tenemos que conocer, cada día con más responsabilidad, por qué es importante para nuestro bienestar y nuestra salud la conservación –por ejemplo- de nuestra diversidad vegetal y faunística, de los hábitos alimenticios derivados de ello y de la diversidad cultural, étnica y social que nos constituye. Creo que una vez que nos volvamos a adentrar como sociedad  en el conocimiento de nuestra fascinante diversidad ambiental, social y cultural, recobraremos un sueño común y el –ya a veces muy achicado- orgullo de ser habitantes de esta tierra mexicana.     

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón