Una cuarta
parte de la población mexicana es vulnerable a fenómenos
como el "mar de fondo"
*
Responsabilidad
de gobiernos y sociedad en su conjunto desplegar ya acciones
de mitigación y adaptación al cambio climático
*
Se registran ya
cambios importantes en el patrón de las corrientes oceánicas
en todo el planeta, donde el 60% de la población vive
en zonas costeras
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón
Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México
Internacional (a todo el mundo)
/
Ciudad de México / 11 de mayo de 2015.
De
frente a las –cada día más- contundentes evidencias, muchos
de los escépticos de la presencia del cambio climático están
terminando por admitir que las actividades humanas pueden
ser el origen de las atípicas variaciones en los patrones
usuales de la temperatura, de las lluvias, de los vientos o
de los niveles del mar, entre otros. Las investigaciones que
en la materia han venido realizando universidades y agencias
públicas y privadas en todo el mundo y durante las últimas
dos décadas, no dejan lugar a dudas de la relación causal
entre la elevación de las temperaturas en el planeta y la
presencia de fenómenos meteorológicos exacerbados.
Todos conocemos sobre el derretimiento de enormes cantidades
de hielo que está aconteciendo tanto en el Ártico como en la
Antártida, y también hemos presenciado recientemente las
temperaturas congelantes que son arrastradas al territorio
estadounidense en su inusual escape desde el Polo Norte.
Pero, probablemente no estamos percibiendo con nitidez
algunos de los eventos climáticos que aquí mismo, en nuestro
país, están aconteciendo como efecto directo del
calentamiento global.
Y quiero referirme, particularmente, al fenómeno que durante
casi cuatro días de la semana pasada afectó a nueve estados
del litoral del Pacífico mexicano, especialmente a Oaxaca y
a Guerrero: el mar de fondo. Si bien este fenómeno ha
ocurrido en el pasado con relativa normalidad, hoy su
extensión, su intensidad y su duración deben de alertarnos;
sobre todo, cuando consideramos que alrededor de una cuarta
parte de la población mexicana habita hoy en las zonas
costeras del país.
POBLACIÓN INTERIOR Y COSTERA EN MÉXICO (1950-2000)

Una investigación publicada recientemente en la revista
Nature sobre las corrientes marinas en el Estrecho de
Luzón, entre Taiwán y las Filipinas, en el mar del sur de
China, da cuenta de cómo todos los días se forman en este
lugar olas submarinas tan altas como el edificio Empire
State y de un ancho que alcanza las decenas de miles de
kilómetros. Esta casi imperceptible para el ojo humano, pero
impresionante detonación de energía –explica el artículo-,
ayuda a equilibrar la temperatura del mar y a hacerla
relativamente homogénea, contribuyendo también a mantener
cierta estabilidad en el clima de todo el planeta. “Estas
olas –comenta Nature- son como la cuchara en el
café”, que agitando el fondo de la tasa ayuda a liberar el
calor ahí atrapado.
Pero, a final de cuentas, la energía liberada por las olas y
por las corrientes submarinas termina por salir a la
superficie a miles de kilómetros de distancia,
manifestándose en marejadas de distinta intensidad y en
fenómenos como el llamado mar de fondo.
La preocupación de los científicos es que, a mayor
temperatura de la atmósfera y de la superficie oceánica
–como está sucediendo con el calentamiento global-, mayor
fuerza presentará este tipo de fenómenos naturales no sólo
en el manto submarino (donde son arrasadas las formaciones
coralinas y distintos hábitats) sino, también, en la
superficie del planeta. Ya están siendo registrados cambios
importantes en el comportamiento de las corrientes oceánicas
en todo el orbe, en cuyas costas –por cierto- habita más del
60 por ciento de los seres humanos.

Dada la velocidad y la intensidad con la que se vienen
presentando los efectos del calentamiento global y del
cambio climático, es responsabilidad de los gobiernos y de
la sociedad en su conjunto desplegar acciones de adaptación
a los nuevos patrones climatológicos, así como de mitigación
de las causas del mismo. El fenómeno del mar de fondo que
durante la semana pasada afectó a las costas del Pacífico,
debe servirnos como una advertencia de que es necesario
modificar la manera en que estamos ocupando los territorios
costeros.
Pero, también, es un aviso para que reforcemos
verdaderamente nuestros esfuerzos hacia la reducción
efectiva de nuestras emisiones de gases de efecto
invernadero en todas las actividades productivas, agrícolas,
de generación de energía o en el transporte. Sólo así
estaremos en la ruta de la sustentabilidad y del desarrollo.
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