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Consumo de productos lácteos y cárnicos trae severos impactos ambientales y en la salud

  

 

 

*  La emisión de gases de efecto invernadero del sector ganadero es 18% mayor a la que produce el sector transporte en su conjunto  

 

* Cáncer de próstata y de ovarios en seres humanos está vinculado con el consumo de productos lácteos: Escuela de Salud Pública de Harvard 

 

 

 

Por Antena Radio / 3a. Edición  / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México Internacional (a todo el mundo) / Ciudad de México /  20 de abril de 2015.

 

En países como el nuestro, pero también en muchas otras latitudes del planeta, se tiene la percepción equivocada de que el consumo de productos cárnicos y de lácteos es sinónimo de prosperidad y de una tangible mejora en nuestras condiciones alimenticias y de nuestra calidad de vida en general. Esta creencia es tan arraigada, que en México 16 entidades federativas dedican más del 50 por ciento de su territorio a la actividad ganadera (donde hay verdaderos campos de concentración para la explotación animal), y otros estados ocupan extensas tierras de cultivo para producir pastos o forraje con el que se alimenta a decenas de millones de bovinos, porcinos, caprinos y ovinos.

 

 

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la ganadería ocupa hoy el 30 por ciento de la superficie del planeta y un 33 por ciento de todas las tierras cultivables son dedicadas a la siembre de alimentos para el ganado. ¡Vaya!, el 20% de todos los animales del planeta son hoy ganado. Los cambios de uso de suelo que detona la producción ganadera, son en verdad elocuentes al ver que un 70 por ciento de los bosques y selvas que se han perdido en la Amazonía se están dedicando a la siembra de pastizales para el ganado.

Aquí mismo, en México, un estado de la república que –hasta los años 70- estaba cubierto por selvas, manglares y pantanos: Tabasco; hoy dedica más del 60% de su territorio a la actividad ganadera. La elevada demanda que sostenemos de los productos cárnicos y lácteos, tanto en el mercado interno como en el internacional, está detonando impactos ambientales que las personas comunes poco o nada relacionamos con la oferta y el consumo de los mismos. 

La ganadería, en su conjunto, produce hasta un 18 por ciento más de gases de efecto invernadero de lo que lo hacen todos los automóviles y todo el transporte en el planeta. El 9 por ciento de la contaminación por dióxido de carbono proviene del sector ganadero, pero –además- produce un porcentaje mucho más elevado de los gases de efecto invernadero más perjudiciales.  

La ganadería es responsable del 65 por ciento del óxido nitroso de origen humano, que tiene 296 veces el Potencial de Calentamiento Global (GWP, por sus siglas en inglés) del CO2. La mayor parte de este gas procede del estiércol. Pero la ganadería también es responsable del 37 por ciento de todo el metano producido por la actividad humana (23 más veces más perjudicial que el CO2), que se origina en su mayor parte en el sistema digestivo de los rumiantes, y del 64 por ciento del amoniaco, que contribuye de forma significativa a la lluvia ácida.

 

 

La FAO concluye que, tan sólo para frenar esta tendencia de deterioro por cambios de uso de suelo, sobreexplotación hídrica y contaminación ambiental, la humanidad debiera reducir a la mitad la producción y consumo de productos ganaderos. 

Y, por si necesitáramos una razón para ello, en el 2013, la Escuela de Salud Pública de Harvard eliminó de su Guía de Alimentación Saludable el consumo de productos lácteos. Así como lo oye. Resulta que se ha demostrado que el consumo sostenido de leche de vaca y de sus derivados –sobre todo, después de la niñez- son un factor determinante para desarrollar cáncer de próstata y de ovarios. Sobre todo, debido a la alta concentración de grasas saturadas y de químicos utilizados para su producción. 

Los científicos recomiendan sustituir el consumo de leche con agua, e ingerir los nutrientes y las vitaminas que poseen los lácteos comiendo verduras como la lechuga, la coliflor, el brócoli y algunos granos de diversas especies. Así que la próxima vez que vayamos al mercado o que elijamos algún platillo del menú, reflexionemos sobre cuáles son los impactos que tienen sobre el medio ambiente nuestros hábitos alimenticios y los de nuestra familia.

 

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Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón