Escaso nivel de
educación ambiental en México perpetuará marginación social
y económica
*
UNESCO vincula al desarrollo económico, social y
ambiental, a la superación de la pobreza y la equidad de
género, con los niveles de educación
*
En México prevalece una visión sectorizada de, por un lado,
la educación y, por el otro, la preservación y la protección
del medio ambiente
Por Antena Radio / 3a. Edición / Sección Medio
Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, con Francisco Calderón
Córdova / IMER - Horizonte 107.9 FM, - 1220 AM y - Radio México
Internacional (a todo el mundo)
/
Ciudad de México / 26 de enero de 2015.
Desde
los años setenta, existe consenso internacional respecto del
papel preponderante de la educación y, particularmente, de
la educación ambiental para la construcción de un mundo más
equitativo y sustentable. Fue en 1975 cuando se estableció
que el 26 de enero de cada año se conmemoraría el Día
Mundial de la Educación Ambiental, bajo la premisa de
que solamente la educación podrá crear el compromiso
ciudadano para transformar hábitos y conductas, a fin de
lograr –entre otras cosas- una relación armónica con el
medio ambiente y con la naturaleza.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha señalado permanentemente
algunos de los objetivos que debiera perseguir la educación
ambiental en todos los países del mundo. A saber: que ésta
garantice modalidades de consumo y de producción que sean
sostenibles; que nos induzca a la adopción de medidas
urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos;
que nos ocupe en acciones para la conservación y la
utilización sostenible de los océanos, los mares y los
recursos marinos.
Y, de igual forma, reconoce que la educación debiera estar
haciéndonos conscientes sobre la premura de proteger,
restablecer y promover el uso adecuado de los ecosistemas
terrestres; tendría que convocarnos a hacer un ordenamiento
sostenible de los bosques, a luchar contra la
desertificación y la degradación de nuestro territorio;
pero, además, la educación sería el mejor instrumento para
que conociéramos y frenáramos, de manera contundente, la
pérdida de la diversidad biológica de nuestra nación.
Pero, también, sabemos que la educación transforma
significativamente a las variables económicas y sociales del
llamado desarrollo sustentable: reduce la pobreza al
permitir que quienes tienen un empleo formal remunerado
reciban mejores salarios; ofrece mejores medios de vida a
quienes trabajan en el sector no formal; contribuye a un
aumento de los ingresos de los agricultores; rompe el ciclo
de la pobreza crónica al impedir que se transmita de una
generación a otra. La educación contribuye a erradicar el
hambre y a mejorar la nutrición de las personas, así como a
mejorar la salud y la prevención de enfermedades. La
educación puede formar parte de la transformación y la
construcción de sociedades más igualitarias entre hombres,
mujeres, niños y niñas.
Desafortunadamente, en México prevalece una visión
sectorizada de, por un lado, la educación y, por el otro, la
preservación y la protección del medio ambiente. El mismo
Plan Nacional de Desarrollo 2013 – 2018 (PND) menciona, en
una sola ocasión, el concepto de “educación ambiental” y lo
vincula con una estrategia para fortalecer la política
nacional de cambio climático y cuidado al medio ambiente,
para transitar hacia una economía competitiva, sustentable,
resiliente y de bajo carbono. Pero, como documento rector
del desarrollo, el PND en su conjunto no enfatiza o siquiera
considera a la educación ambiental como un componente
fundamental para alcanzar un desarrollo sustentable.
Son pocos, muy pocos los esfuerzos conjuntos que sí ha
habido entre las secretarías de Educación Pública (SEP) y la
de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMANAT) para
incorporar a la educación ambiental en la educación básica y
media en México. Ya no hablemos de cuántos son los maestros
que están o no capacitados para incorporar a sus materias o
en la enseñanza que cotidianamente imparten criterios
ambientales o referentes al desarrollo sustentable.

Existe una desproporción evidente entre lo que las Naciones
Unidas considera debiera ser la importancia de la educación
ambiental para alcanzar los objetivos del milenio y, por
otro lado, la relevancia que ésta tiene en realidad en las
políticas públicas de nuestro país. Conmemoraciones como la de hoy –el Día Mundial de la
Educación Ambiental- nos convocan a revisar y a reformular
nuestras prioridades, para así corregir el rumbo y no
perpetuar (como parecemos estarlo haciendo) la marginación
social y económica de millones de mexicanos. No perdamos
esta oportunidad.
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