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Grito de alarma para defender Montes Azules y revertir la pobreza en la Selva Lacandona

  

* La Selva Lacandona en manos de saqueadores de flora y fauna, de especuladores de la tierra y de quienes siembran discordia con desinformación y mentira

* Urge coordinación entre órdenes de gobierno para defender y conservar el capital natural del país: José Sarukhán

  

Por Antena Radio / Edición vespertina / Sección Medio Ambiente, ¿Qué puedo hacer yo?, Francisco Calderón Córdova / IMER Horizonte 107.9 FM y 1220 AM / Ciudad de México /  126 de mayo de 2014.

 

Este sábado tuve el enorme privilegio de asistir al 25 aniversario del Parque Ecológico Xochitla, en el municipio de Tepotzotlán, en el Estado de México. Se trata de un terreno de 70 hectáreas, donado en el año de 1997 y a perpetuidad a la Fundación Xochitla A.C., por parte del empresario y filántropo mexicano Manuel Arango, para funcionar como un área verde urbana de aquel municipio.

En medio de la voraz urbanización de la que ha sido objeto aquella zona del territorio mexiquense, Xochitla es un verdadero oasis de árboles, cuerpos de agua y de todo tipo de plantas; es refugio para aves migratorias y nativas, para anfibios e insectos que, en este excepcional parque nos recuerdan algunas características de los ecosistemas que, en menos de medio siglo, nos hemos encargado de destruir.

Durante el festejo, la Fundación Xochitla A.C. otorgo su premio anual a la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), por el enorme trabajo que realiza en favor de la conservación del capital natural de todos los mexicanos. Ahí, tuve la oportunidad de charlar con el Dr. José Sarukhán y constatar que, al igual que muchos de quienes nos preocupamos y estamos ocupados en la protección del medio ambiente, el titular de la institución galardonada siente una profunda consternación por la situación de deterioro social, inacción institucional y de destrucción de la riqueza natural que está aconteciendo en la reserva de la biosfera de Montes Azules, en Chiapas.

 

 

En medio de esta red de complicidades criminales que está contribuyendo a desmontar el único reducto de las selvas tropicales que nos queda en el país (menos de un millón de hectáreas de los 12 millones originales), una sola voz de alarma –la de la maestra Julia Carabias y de su organización, Natura y Ecosistemas Mexicanos- está alertando a todo el país sobre la pérdida del capital social y natural de la Selva Lacandona en manos de los saqueadores de la flora y la fauna, de especuladores de la tierra y, peor aún, de quienes deliberadamente siembran la discordia al interior de las comunidades a través de la desinformación y de la mentira. 

Coincido plenamente con lo expresado por el doctor José Sarukhán: difuminar el significado del tipo de acoso del que está siendo objeto Julia Carabias bajo el argumento de una “situación de inseguridad generalizada”, es inaceptable y peligroso. La pérdida del capital natural del país trasciende lo estrictamente individual y está necesariamente en el plano de lo colectivo; lo que está sucediendo en Montes Azules y en la Selva Lacandona son prácticas perversas cuyo único resultado será el despojo de los recursos propiedad de las comunidades originarias y de todos los mexicanos y, consecuentemente, el camino más seguro para perpetuar la pobreza y la desigualdad social.

También, coincido con el Dr. Sarukhán en el sentido de que es urgente la atención coordinada de los distintos órdenes de gobierno para rescatar a la Selva Lacandona de la situación actual (y que es el resultado de la acumulación de décadas de desatención).

Por otra parte, yo festejo que se estén sumando voces autorizadas a este reclamo detonado por el cobarde secuestro de la maestra Carabias Lillo; hoy La Jornada publica un desplegado con decenas de firmas de representantes de universidades y de centros de investigación científica del país; Jesús Silva-Herzog Márquez dedicó su columna del día de hoy –en el diario Reforma- al tema y, en fin, en las redes sociales (donde la comunicación se gestiona de forma distinta) la depredación de Montes Azules comienza a desatar reflexiones y convocatorias a la acción. 

Al principio de esta columna referí el caso del Parque Ecológico Xochitla como uno de éxito en materia de conservación ecológica y coordinación entre los sectores empresarial, social y gubernamental. En la reserva de la biosfera de Montes Azules muchas comunidades se han visto beneficiadas también con proyectos productivos sustentables, producto del trabajo de Natura y Ecosistemas Mexicanos, y de la colaboración entre instituciones académicas, de investigación científica y de organizaciones civiles. Esa es, sin duda, la ruta hacia la sustentabilidad y no lo contrario.

Yo me pregunto, ¿en verdad no tenemos la capacidad como nación de convocar y de unir esfuerzos en torno a un reto tan formidable y loable, como lo es la defensa y la conservación de la última selva húmeda del territorio nacional y –sobre todo- la voluntad para revertir el aparentemente eterno ciclo de la pobreza de las comunidades indígenas chiapanecas y las del país entero?

 

Para conocer más de cerca a los actores del conflicto, puede consultar: http://youtu.be/HhlXRYJe7io

 

Diversidad Ambiental ©, es una publicación virtual de Paco Calderón